EL PUEBLO OTOMÍ: PASADO, PRESENTE Y FUTURO


( mesaje de Thaayrohyadi, guía tradicional y Coordinador General del Consejo de la Nacionalidad Otomí, dado en el Centro Ceremonial Otomí, Temoaya, Méx., marzo 3 de 1999)

El Pueblo Otomí los recibe de corazón en el Dänguu (La Casa Mayor), el Centro Ceremonial, Sitio Sagrado y Capital Actual de la Nación Otomí.

Los Däbädi, viejos sabios y guardianes de nuestra historia otomí trasmitida de generación en generación, afirman que nuestro orígen se remonta a un pasado tan lejano que se pierde en la neblina del tiempo. Somos la Primera Humanidad, el Pueblo más antiguo de Nuestro Continente, de México y de Mesoamérica; que floreció hace más de 30 mil años.

La Cultura Otomí es la madre que dió orígen a los pueblos otomangue de troncos lingüísticos como el otomangue, del cual surgen los mazahuas, matlatzincas, tlahuicas, chichimecas y pames. De la Nación Ancestral Otomí surgieron grandes civilizaciones como la Cuicuilca, Tlatilca, Teotihuacana, Cholulteca, Tolteca y Xiquipilca, donde nuestros ancestros edificaron ciudades y centros ceremoniales como huella de su presencia milenaria.

Nuestros antepasados descubrieron el Mfuhthä o Teocintle; inventores del Tihta o Temascal y del Medepa, cuenta del tiempo o calendario. Emplearon formas de comunicación y energía que le permitieron desarrollar una gran civilización expresada en la ciencia, el arte, la literatura y filosofía muy avanzadas, pero desconocidos hasta la fecha por historiadores y estudiosos en la materia. Nuestro pueblo logró mantener su educación y cosmovisión propia, así como sus instituciones y formas de gobierno, organización y trabajo basados en el Mföxte (vida colectiva y comunal).

El territorio del Pueblo Otomí se extendió en toda mesoamérica como el Valle de Nzuhni o Toluca, Madenxi o Xilotepec, Mamehni o Tula, Monte de las Cruces, Texcoco, Tacuba, Tacubaya, Coyoacan, Ajusco, Tlalnepantla, Valle de México, Teotlalpan, Valle del Mezquital, Meztitlan, La Huaxteca, Valle y Sierra de Puebla, Acolhuacan, Tlaxcallan, Michoakan, Kouixco, Kolina y Kuliacan.

Somos herederos del Señorío de Ndonguu "Lugar de la Casa Antigua" (Hoy Xikipilko El Viejo), donde nació y gobernó el Gran Jefe 'Botzanga (Lagartija Negra), quien al mando de su ejército de Ocho Mil Guerreros, defendió valerosamente el territorio y la libertad de nuestro Pueblo; Joven Héroe que luchó cuerpo a cuerpo con el invencible Axayacatl y lo derrotó en el 'Batha Nts'ojuai (conocido como el Llano de las Navajas), en la parte alta de estas montañas; dejándonos un ejemplo de dignidad.

Llevamos en nuestras venas la fuerza otomí de Tlahuicole, quien prefirió morir de pie a vivir sometido en Tlaxcala, por lo que atado debió combatir a cinco guerreros a quienes venció.

En estas tierras el pueblo otomí libró grandes batallas para sacudirse de la esclavitud y del dominio colonial; por lo que se sumó a las fuerzas insurgentes en la Guerra de la Independencia, y con más de 70 mil indígenas en su mayoría otomíes de la región, el Ejército Realista invasor fue derrotado en la gloriosa Batalla del Monte de las Cruces.

Ante la negación de nuestros derechos, el despojo de nuestros territorios y el maltrato en las haciendas, nuestros abuelos se unieron al Ejército Libertador del Sur de nuestro General Emiliano Zapata para reclamar "Tierra y Libertad", con tal decisión que se instaló un cuartel zapatista entre los montes otomíes de Ocoyoacac. Gracias a la lucha otomí se lograron recuperar muchas tierras invadidas por terratenientes.

En los últimos cinco siglos, el Pueblo Otomí ha vivido en la oscuridad, pero no ha desistido por lograr cambiar esta situación de sometimiento y extrerminio. El Movimiento Otomí Contemporáneo ha iniciado una nueva fase de organización para decidir su propio camino, destino histórico, su vida.

Con el Pacto del Valle Matlatzinca se logra impulsar la alianza del Pueblo Otomí con los Hermanos Mazahuas, Matlatzincas y Tlahuicas. Donde se hace el firme compromiso de trabajar conjuntamente por alcanzar nuestras reivindicaciones históricas de nuestras comunidades.

Este Centro Ceremonial Otomí es fruto de ese esfuerzo. De este proceso nacemos para seguir el camino trazado, así surge el Consejo de la Cultura Otomí y el Consejo de la Nacionalidad Otomí, para promover nuestra identidad cultural y lograr el reencuentro y la reunificación de todas las comunidade y regiones de la Antigua Nación Otomí. Con este espíritu las comunidades eligen por usos y costumbres a sus Autoridades Tradicionales.

Desde esta visión organizamos el Primer Congreso Estatal de Pueblos Indios en 1994 donde nace el CEPOI (Consejo Estatal de Pueblos y Organizaciones Indias). Por eso participamos en el Movimiento Indígena Nacional a través de la Asamblea Nacional Indígena Plural por la Autonomía y el Congreso Nacional Indígena.

Desde la invasión europea se ha venido modificando la geografía de los otomíes, nuestras las fronteras étnica estan en riesgo. La influencia cultural de la nación otomí abarca las regiones de Hidalgo, Tlaxcala, Puebla, Veracrúz, Guanajuato, Querétaro, Michoacán y Estado de México.

La región otomí en la entidad, se localiza en el territorio que comprende Aculco, Acambay, Temascalcingo, Amanalco de Becerra, Jilotepec, Timilpan, Chapa de Mota, Jilotepec, Soyaniquilpan, Timilpan, San Bartolo Morelos, Villa del Carbón, Nicolás Romero, Tepotzotlan, Jiquipilco, Temoaya, Otzolotepec, Xonacatlán, Lerma, Jilotzingo, Isidro Fabela, Naucalpan, Ocoyoacac, Tianguistenco, San Mateo Atenco y Toluca. Cabe señalar que existen comunidades otomíes originarias y residentes en Otumba, Teotihuacan, Temamatla, Cuautitlán, Tultitlán, Melchor Ocampo, Zumpango, Tlaltepantla y Nezahualcóyotl.

Las cifras oficiales del INEGI y del Instituo Nacional Indigenista (INI) tienden al genocidio estadístico y al etnocidio, por las implicaciones políticas y de presupuesto que tendría para el gobierno, el hecho de reconocer la población total indígena, por lo que no reflejan para nada nuestra la presencia real. Como muestra el Censo de Población y Vivienda de 1995, el INEGI calcula 72 mil otomíes en toda la entidad, cuando esta cifra la reune tal sólo el Municipio de Temoaya. De acuerdo a nuestras propias autoridades y organizaciones, hay aproximadamente 5 millones 500 mil otomíes a nivel nacional, de los cuales somos 2 millones los que habitamos en el hoy Estado de México, y representamos casi el 20 % de la población total.

El presente y el futuro nos urge a trabajar para construir la unidad del Pueblo Otomí. Avanzar para recuperar nuestro derecho irrenunciable a la libre determinación y autonomía interna, a fin de que seamos los otomíes, los pueblos indígenas quienes decidamos nuestro propio camino y destino histórico. Ello nos permitirá decidir nuestra vida política, administrativa, territorial, educativa, social y cultural; dentro de un nuevo marco constitucional tanto local como nacional, de una vedadera relación igualitaria como mexicanos y habitantes del Estado de México.

Los Otomíes aspiramos a un nuevo Estado Pluricultural y una nueva Sociedad Multicultural. Por la vigencia y estricto cumplimiento de las normas internacionales y nacionales de protección a los derechos del Pueblo Otomí y de los Pueblos Indígenas. Por la paz y justicia en las comunidades, municipios, regiones del Territorio Otomí, hacia un nuevo pacto al interior de nuestros pueblos.

Luchamos por un presente y futuro del fortalecimiento y pleno derecho de las mujeres, los ancianos, ancianas, jóvenes, niños y niñas otomíes.

La palabra verdadera se escucha nuevamente: "Mientras haya un otomí en la montaña, en la sierra, en la meseta o en los valles,allí brillará la esperanza, la luz de nuestra reunificación!".

"Si en tí está la herencia otomí, piensa en tus hermanos, en los que sufren humillación, piensa en los que buscan sacudirse de la explotación"

"Cortaron nuestros frutos, arrancaron nuestras ramas, quemaron nuestro tronco, pero no lograron matar nuestras raíces."

Recordemos el mensaje que nuestros padres y madres plasmaron en la Declaración de Temoaya, que dice;

"Hermanos Indios: Ha llegado el tiempo de nuestra voz, de nuestra palabra, de ser escuchados. Ya nadie hablará por nosotros, ni se sentarán a discutir què harán con nuestros pueblos.

Estamos vivos y tomamos nuestro destino en las manos, después de todo ésta es nuestra tierra milenaria y aquí brillan nuestros derechos. Porque aquí brilló siempre el Sol de nuestra historia y seguirá brillando ahora y por muchos siglos."